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Gineta sobre tronco

Cara a cara con la bella matadora

Era un templado día de julio en Asturias, en el norte de la península, la luz solar todavía se extendía hasta bien entradas las 21 horas…

Ese día tenía en mente un objetivo, la bella matadora, o así llamaba Félix Rodríguez de la Fuente a la gineta (Genetta genetta). Había cruzado miradas con ella en alguna otra ocasión, pero sin oportunidad de foto. Sólo unas rayas negras en un cuerpo gris que se perdían entre la oscuridad de la noche.

El reloj marcaba las 5 de la tarde, tenía que ir preparando todo para la gran noche. Escenario listo, iluminación lista, todo listo.

Eran las 18h cuando decidí meterme en la caseta en la que pasaría la noche esperando a este singular vivérrido.

Iban pasando las horas… se acercaba la hora de cenar. Tranquilamente me comí los sándwiches que me había preparado y continué aguardando.

Notaba como la luz iba cediendo terreno a la oscuridad, reino en el cual animales como la gineta se saben dueños.

Llegaban las 12 de la noche, hora bruja como diría mi chica, hora en la que las brujas hacen acto de presencia… ansioso, deseaba que con la llegada de estas horas la bella matadora se dignase a aparecer.

Seguía pasando el tiempo y nada… el sueño comenzaba a aparecer; de repente, un movimiento me puso en alerta, algo sale de entre la espesura del bosque directo al escenario previamente preparado. Enfundo la cámara, ojos como platos, pulso acelerado…

Detrás del tocón que había colocado, una cabeza de gato doméstico asoma. Tras esto, mis ánimos decayeron, era tarde y no había ni rastro del objetivo a fotografiar. El hecho de que apareciera el gato no era buena señal ni mucho menos…

Tras un par de horas, rozando casi las 5 de la mañana y prácticamente vencido por el sueño, vislumbro otro movimiento entre la hojarasca.

Esta vez parecía distinto, más ágil, más sigiloso… sin rastro alguno del sueño y con los nervios de nuevo por los aires, pongo todos mis esfuerzos en fijar la mirada en la zona dónde había visto algo.

Una larga cola me da pistas, franjas negras sobre gris; no es el gato pensé… inmediatamente después, de un salto, se encarama a lo alto del tocón. Cauteloso y sin mover ni un músculo, me quedo absorto ante tanta belleza.

Decido esperar para disparar… un disparo y la gineta se pierde de nuevo entre la maraña de árboles.

Chequeo la cámara deseando que haya quedado bien…

Tras ver el resultado, ya estaba más que contento, ¡objetivo cumplido!

Poco tiempo tuve para la alegría… segundos después volvió a aparecer, con más confianza, esta vez directa a su objetivo.

Ya no había ni rastro del sueño, solo existíamos la gineta, la noche y yo.

Tras varias incursiones al escenario, muchas miradas cruzadas y varias fotos, la luz comenzaba a aparecer de nuevo, anunciando la llegada de un nuevo día. Revisando el archivo obtenido no podía creer haber tenido semejante suerte, un animal tan esquivo y nocturno y tan bello.

Cuando ya daba la sesión por terminada y descansaba relajado, un bulto me sorprendió sobre unas rocas cercanas al escenario en el cual la gineta había hecho acto de presencia.

Un ratonero descansaba tranquilo, aguardando la llegada total de la luz para salir de campeo. Mientras tanto, no dudé en hacerle una foto. Mucho más asustadizo que el mamífero no aguantó mucho más, un disparo y salió volando despavorido.

Sin duda una movida noche de verano que mereció la pena sin ninguna duda. Espero volver a cruzar miradas con tan asombroso animal.

Y vosotros, ¿os habéis cruzado con la bella matadora alguna vez?