El día que un lobo y yo nos miramos a los ojos

Buenas a tod@s, en la entrada del día de hoy, voy a contaros como sucedió lo que, para mí es, posiblemente, el mejor avistamiento de fauna que he tenido hasta la fecha. Quería aprovechar el hecho de que el lobo, el cual será el protagonista de esta entrada, ha sido catalogado como especie protegida en España para narraros en primera persona esta maravillosa experiencia que pude vivir.

¡Espero que la disfrutéis!

Sierra de la Culebra, diciembre de 2019…

2019 llegaba a su fin, y como cada año, mi familia y yo nos disponíamos a pasar unos días en el campo. Este año habíamos decidido que serían en la Sierra de la Culebra, provincia de Zamora.

Íbamos a pasar 3 días en estas tierras buscando incesantemente al cánido más grande de la península y, posiblemente al animal más esquivo de toda la fauna ibérica.

El primer día, mi primo y yo decidimos dar un paseo por una zona por la que nos habían dicho que había movimiento… lo que no nos esperábamos al llegar era ver semejante cantidad de rastros. La cosa estaba decidida, mañana probaríamos suerte allí.

7 de la mañana del día siguiente. Tras un escaso desayuno poníamos rumbo a nuestro punto de observación. Mañanas gélidas en las que no sientes las piernas, en las que permanecíamos inmóviles tras unas escobas que difuminaban nuestra silueta.

Tras unas horas sin ningún tipo de movimiento en el cortafuegos, empezábamos a perder la esperanza. En torno a las 10 de la mañana se hizo el silencio en la zona. Instantes después, tres fantasmas aparecían en mitad del cortafuegos tras un enorme roble que nos tapaba ligeramente.

Según aparecieron, enfilaron cortafuegos arriba con su trote característico, no sin antes marcar territorio. Escasos minutos de avistamiento para tanto frío y horas de espera… pero, aún así, merece más que la pena. Son por ese tipo de momentos por los que te levantas temprano por la mañana dispuesto a pasar frío y calamidades, momentos en los que puedes compartir aunque sea brevemente, espacio con el tan esquivo lobo ibérico.

En el resto de día, a pesar de intentarlo, no tuvimos la misma suerte. Aunque he de decir que nos movimos por otras zonas ya que la luz en ese sitio por la tarde era bastante pésima.

Después del momentazo del día anterior volvimos a intentarlo por la mañana temprano, esta vez sin suerte.

Lo más asombroso ocurrió mientras íbamos en el coche camino a Portugal. Eran las 12 de la mañana, una carretera ascendía serpenteante a través de un enorme y denso bosque de pinos; cuando, de repente, un lobo aparecía en mitad de la carretera. Tras quedarse unos segundos parado, decide meterse dentro del pinar al trote ante nuestra absoluta incredulidad.

Seguíamos sin creérnoslo. Tras unos segundos paralizados, anduvimos unos pocos metros con el coche buscando el recoveco por el que el lobo nos había perdido la pista. Cuando estábamos justo en el punto, vislumbro unos ojos color miel entre las escobas a unos 30-40 metros de distancia, cojo la cámara a la velocidad de la luz y enfoco a esa cautivadora mirada… mirada que no hacía más que desprender inocencia e incertidumbre ante lo que esos dos bípedos iban a hacer.

He aquí los que mis ojos veían a través del visor de la cámara:

Con los estómagos llenos después de un estupendo bacalao a bras, proseguíamos nuestro camino de vuelta a España para intentar de avistar de nuevo a estos cánidos que tanto turismo de observación atraen, porque el lobo vale más vivo que muerto.

Encarábamos nuestro último día en la sierra de manera optimista, habíamos visto hasta entonces 6 lobos, algo bastante admirable al ser conscientes de la dificultad que eso conlleva. Era 30 de diciembre, el día amanecía frío, siete grados bajo cero marcaban los termómetros… sólo el hecho de pensar el frío que nos esperaba, me hacía temblar.

Nos tocaba una espera de 3-4 horas, a bajo cero, escondidos entre las escobas vestidos de camuflaje, con las botas tocando el gélido suelo. Pasaban las horas y sólo el frío hacía acto de presencia, un frío que se te metía por los huesos y no quería irse.

No había manera de entrar en calor, necesitábamos algo con lo que distraernos. Fue pensar eso y, por arte de magia, un bando de unas 6 perdices rojas apareció en mitad del cortafuegos. Hacía tanto frío que incluso las perdices desprendían vaho.

Tras una pequeña filmación a estas preciosas aves, volvimos a la espera.

Se acercaban las 10:30 de la mañana y según iba llegando el sol nuestra esperanza iba desapareciendo. Hasta que… de nuevo, ese silencio sepulcral.

Tras unos minutos en vilo, mi primo susurró algo: ¡está ahí, está ahí!

No conseguía verlo, estaba tras el espeso matorral que acotaba la pista. Acto seguido, un lobo ibérico solitario se plantó ante nosotros. Unos 300 metros nos separaban. Las perdices seguían a lo suyo, intentando arrancar pequeños brotes verdes entre los terruños helados.

Poco a poco, el lobo se fue acercando tímidamente. Cuando se encontraba a 200 metros, sin previo aviso pegó una carrera en un fallido intento de capturar a las perdices… lo teníamos a escasos 100 metros…

En pocos segundos, teníamos frente a frente a un lobo ibérico (Canis lupus signatus) . Al tan temido animal. Animal perseguido injustamente, mal-afamado y tan castigado por la gente con rifles.

Se encontraba a 30 metros, sin percatarse de nuestra presencia. El visor de la cámara se empañaba por mi respiración agitada. No me podía creer tener a este majestuoso animal tan de cerca, poder escucharle, poder estudiar con detalle sus movimientos y, encima, saberme invisible ante él.

Nos regaló unos minutos únicos, momentos con los que siempre había soñado y que dudaba vivir. Después de posar para nosotros, eso sí, desconfiando de esos dos extraños bultos empotrados en las escobas, desapareció entre la maleza igual que había aparecido, como un fantasma.

Esta noticia que últimamente está copando diversos informativos, artículos y noticias, no es más que la primera piedra que debemos poner para conseguir la total protección del lobo así como de todos los ecosistemas y animales de España. Tenemos una naturaleza envidiable que debemos preservar.

Hagamos algo por ella al igual que ella no deja de hacer cosas por nosotros. ¡Lobo vivo!

4 comentarios en “El día que un lobo y yo nos miramos a los ojos

  1. Enlazo la entrada en mi blog. Las fotos son tan magníficas como la historia que cuentas, tan bien contada. Enhorabuena por ese encuentro.

    1. Muchas gracias!! Me alegro que te gusten tanto las fotografías como la historia. Intento transmitir lo mejor que puedo las sensaciones que me recorrían el cuerpo en el momento del avistamiento.
      Gracias!!!
      Un saludo!

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