Categoría: Salidas al campo

Águila real

Un fin de semana por las montañas de Riaño

En la entrada de hoy, os voy a contar cómo se vive una jornada fotográfica en busca de aves en plena cordillera cantábrica en el mes de febrero. La idea era pasar un fin de semana en la montaña de Riaño disfrutando de diversas especies de aves, entre ellas alguna que otra joya de la avifauna cantábrica y una de las rapaces más grandes de nuestros cielos.

El viaje comenzó un viernes después de comer, 2h30´de viaje nos esperaban hasta el destino final. Cargados con ropa de abrigo, cámaras, trípodes y bien aprovisionados de comida nos dirigimos finalmente hasta Crémenes, pueblo que sería nuestro lugar de residencia durante las próximas dos noches.

La idea inicial era disfrutar de tres jornadas fotográficas; dos el sábado y una el domingo. Las dos primeras sesiones estarían enfocadas en picados y paseriformes varios típicos de esta zona de alta montaña y la última sesión, la del domingo, estaría dedicada a la reina de estos cielos cantábricos, el águila real.

Sábado, 7 de la mañana

Tras un rico desayuno y cargados con todos los zarrios necesarios para una larga jornada fotográfica, nos dirigimos al primer escondite donde pasaremos las próximas 5 horas.

Estar metido en una caseta de 4m2 en plena cordillera cantábrica a las 8 de la mañana. En pleno silencio mientras preparas el trípode y la cámara.
Sientes como el campo amanece, las aves empiezan a cantar dándole los buenos días al sol. Nervioso y excitado, te concentras en el escenario. Piensas en las especies que pueden venir, en que posiciones pueden hacerlo y qué parámetros son los más adecuados para conseguir las fotos que quieres.
No hay tiempo para pensar; todavía con poquita luz, empieza el festival de paseriformes, al menos 6 especies diferentes están ya entrando al comedero.

Carbonero palustre


Tras una media hora, hace aparición una de las mayores joyas de la avifauna ibérica: el pico mediano, un pícido de pequeño tamaño que en nuestro país sólo habita las zonas de alta montaña de la Cordillera Cantábrica y Pirineos y que resulta escasa y difícil de retratar.

Pico mediano
Pico mediano

Realmente sabes lo que tienes delante de la cámara y quieres hacerlo lo mejor posible.
Tras unas cuantas horas en el escondite, la jornada parece haber salido bien. 

2 especies de pájaros carpinteros y gran cantidad de paseriformes hacen que las muchas horas que pasas en estas pequeñas casetas parezcan cosa de minutos.

Después de esta primera parte de la jornada nos dirigimos al hotel donde estábamos alojados para recoger el picnic que nos tenían preparado. A eso de las 12:30 de la mañana nos preparábamos, ya con nuestra comida en una bolsa, para ir a la segunda localización del día.

En este lugar, más abierto en cuanto a paisaje que el anterior, nos recibía con unas vistas impresionantes del entorno montañoso de la zona, así como con un pequeño bando de camachuelos que estaba haciendo acopio de los frutos del muérdago que colgaba de un árbol cercano.

Entramos al escondite donde disfrutamos de grandes oportunidades fotográficas hasta que la luz fue desapareciendo poco a poco.

En esta ocasión, fueron tres las especies de pícidos las que acudieron al comedero y de nuevo un sinfín de paseriformes hicieron acto de presencia, siendo los camachuelos y herrerillos los protagonistas de la sesión.

Pito real

Una vez terminada la jornada, aseados y tras un buen paseo por la zona y cenar, llegaba la hora de descansar ya que al día siguiente teníamos un encuentro pendiente con la reina de los cielos.

Domingo, 6:45 de la mañana

Hoy nos tocaba salir algo más temprano ya que el escondite estaba más lejos de nuestro alojamiento. Después de 30 minutos de coche por alguna pista de montaña y 5 minutos de pateo, vislumbrábamos el escondite desde el cual, con un poco de suerte, disfrutaríamos de la presencia del águila real.

Por fin, tocaba cruzar miradas con el águila real, la más potente de todas nuestras grandes rapaces. Tan sólo hace falta fijarse en sus enormes garras para saber que es un depredador apical. Capaz de cazar rebecos, corzos o zorros no encuentra depredador natural, tan solo el ser humano a base venenos y destrucción del hábitat es capaz de hacer frente a esta majestuosa ave.
Tener a la reina de nuestros cielos a escasos metros de ti impresiona, se te corta la respiración y solamente existís ella y tú.
En los valles de nuestras más altas cumbres y en nuestros macizos montañosos encuentra su refugio.

Águila real

No puedo describir la sensación de tener a un ave tan imperial como esta a tan escasa distancia. Había podido ver a esta especie en otras muchas ocasiones, pero nunca tan de cerca y durante tanto rato.

Hasta 4 entradas hicieron al escenario del escondite; incluso en una de esas entradas llegaron a estar tanto macho como hembra de manera simultánea en el escenario.

Águila real
Águila real
Arrendajo
Águila real

La verdad que fue sin duda una experiencia única y que espero poder repetir en el futuro.

Espero que os haya gustado sentir más de cerca los entresijos de una jornada fotográfica en la cordillera cantábrica y… ¡¡¡hasta la próxima entrada!!!

Bigotudo haciendo el spagat

La Mancha Húmeda, paraíso ornitológico

2 de enero de 2022. Son las 5 de la mañana en Madrid, coges tu cámara, tu trípode y te montas en el coche rumbo a la Mancha Húmeda, un conjunto lacustre de elevada biodiversidad en plena Castilla-La Mancha.

A las 7 de la mañana ya estás allí, nervioso. Vas a intentar fotografiar un ave con la que llevas soñando varios años… ¿Y si no aparece? ¿Y si solo viene unos segundos y no me da tiempo? Estos pensamientos te vienen a la cabeza mientras te calzas las botas de agua y te subes a la barca que te llevará al escondite fotográfico en medio de la laguna. Una caseta de madera flotante de 4m2 que será tu refugio durante las próximas 5h.

Hace un frío que pela, temperaturas cercanas a cero. Montas el equipo y esperas… Los primeros rayos de sol empiezan a bañar lo que será el escenario de la fotografía: un entorno de carrizos y eneas dónde, si hay suerte, el ave hara acto de presencia. Un ave en regresión y difícil de avistar en la península debido a sus hábitos, siempre escondida entre la vegetación palustre.

Son las 9 de la mañana y alguna otra especie ha venido al escenario, pero ni rastro del objetivo. De repente, un sonido llama mi atención… un pequeño bando de 4 bigotudos entra en escena: dos machos y dos hembras.

Los machos, con características bigoteras negras no paran de moverse, la situación no es la ideal para captarlos como quisiera. De repente, los astros se alinean y uno de los machos se sube a una de las eneas. Durante sólo unos instantes, se coloca en la pose con la que siempre había soñado; la postura típica de este paseriforme. Mirada a cámara y tan pronto como aparecieron, se perdieron entre la vegetación. Durante el resto de la sesión, vinieron otras tantas veces pero nunca más se volvieron a poner en esa pose. La foto que siempre había querido. Una de mis especies favoritas. El bigotudo.

Bigotudo haciendo el spagat
Bigotudo haciendo el spagat

Durante el resto de la mañana pudimos disfrutar de un sinfín de especies que, generalmente resultan esquivas o difíciles de fotografiar.
Pechiazules, tarabillas, gorriones morunos, ruiseñores bastardos y carricerines reales visitaron el escenario a lo largo de la mañana.

Esta última especie me hizo especial ilusión; un pequeño pájaro de unos 12cm y con hábitos palustres. Es el único carricerin que podemos encontrar todo el año en nuestra península y el único que cría en nuestros humedales. Está catalogado de Interés Especial según el Catálogo de Especies Amenazadas.

Estuvimos en el hide hasta las 12 de la mañana, cuando el guardés de la finca vino a recogernos. Sin duda fue una experiencia única y muy recomendable. Siempre había soñado con poder observar esta especie, y hacerlo de esta manera, tan cerca, tan bien… fue irrepetible.

Espero que os haya gustado el relato y que, de esta manera conozcas un poco más los entresijos de cada foto.

Lince ibérico

Verano´21. Un viaje por la España mediterránea

¡Hola a tod@s! Tras unos cuantos meses de parón en el blog, retomamos actividad. En la entrada de hoy, os contaré las aventuras del verano 2021 y cómo fue viajar en tiempos de pandemia descubriendo la España mediterránea.

Como siempre, estaré acompañado en esta aventura veraniega por el sur y este peninsular de Annaïs, mi gran compañera de fatigas. Durante esta travesía, visitaremos zonas naturales de distinta índole, desde el frondoso monte mediterráneo hasta humedales e incluso visitando un pequeño oasis dentro de una ciudad.

Os iré contando como fueron estos días de vacaciones en los cuales alternamos naturaleza con cultura, una combinación inmejorable y muy recomendable.

Nuestro primer destino sería Sierra Morena, un enclave natural con una biodiversidad increíble y refugio de una de nuestras joyas en cuanto a fauna se refiere, el lince ibérico.

Nos levantamos al alba, 1h antes del amanecer. Teníamos que prepararnos y coger el coche para adentrarnos en lo que sería nuestra zona de campeo durante los próximos 3 días. Con las primeras luces del día, estábamos ya en pleno corazón de la sierra, cámaras preparadas y concentrados ante cualquier movimiento que se produjera entre las jaras.

Durante estas jornadas, pudimos disfrutar de muchos ejemplares de ciervo, todos bastante confiados ante la cámara.

Hembra de ciervo
Una hembra de ciervo mira a cámara

Salíamos al amanecer y volvíamos por la pista ya prácticamente de noche, lo que nos permitía encontrar a los animales muy activos, ya que durante el mediodía llegábamos a los 40ºC. Además de poder sorprenderles en su momento de mayor actividad, también conseguíamos captar imágenes diferentes gracias al amanecer y atardecer.

Siluetas bajo la encina
Una cierva con las últimas luces se recorta en silueta bajo una enorme encina.

Aparte de ciervos, pudimos observar también otras especies como muflón, gamo, cabra montés, varias especies de aves… pero sin rastro del objetivo principal, el lince ibérico.

Macho de gamo al amanecer
Macho de gamo al amanecer

Una de nuestras mayores sorpresas, fue toparnos con un majestuoso macho de muflón a pocos metros de nuestro coche. Este ejemplar nos sorprendió ya casi sin luz cuando nos dirigíamos al hotel a pasar la noche.

Un macho de muflón ya casi sin luz
Un macho de muflón ya casi sin luz

Seguíamos sin rastro del gran gato, el último día en la zona amanecía con un calor intenso.

En nuestro safari particular, una cabra montés y su cría nos regalaron un momento muy especial frente a la cámara. Mientras tanto, nosotros seguíamos con nuestro objetivo entre ceja y ceja.

La tarde llegaba y nos dirigíamos a nuestro punto de observación cuando, de repente, diviso una figura que me resultaba familiar entre unas adelfas… ¡es el lince!

Tras unos minutos de observación a una distancia un poco lejana, el felino desaparece sin darnos pistas de su paradero. Un avistamiento escaso pero muy gratificante. No todos los días cruza uno miradas con uno de nuestros emblemas en cuanto a fauna se refiere.

Mamá e hijo
Una madre de cabra montés y su cría se sorprenden al vernos

Nuestra estancia en Sierra Morena llegaba a su fin. Ahora, ¡a nuestro siguiente destino! Llegamos a Motril, ciudad costera de la provincia de Granada; ahí pasaríamos una tarde entretenida en la charca de Suárez, un oasis entre los edificios. Uno de los mejores lugares para observar avifauna de toda Andalucía, entre alguna que otra sorpresa…

Un recorrido con diversos escondites fotográficos desde los que disfrutar de especies como calamón, focha moruna, avetorillo, cigüeña, garza real e imperial… desde luego una visita recomendable para aprender a diferenciar especies y pasar unas horas la mar de entretenidas. Una pena el horario tan limitado que tienen, ya que en verano cierran a las 18h.

Cigüeña blanca acicalándose
Cigüeña blanca acicalándose

No solamente las aves tienen en la Charca de Suárez su refugio, sino que uno de nuestro reptiles más amenazados encuentra en este pequeño humedal una de sus mejores poblaciones. Os hablo del camaleón común, reptil de caleidoscópicos ojos y con capacidad de cambiar de color según su estado de ánimo.

Camaleón común entre vegetación palustre
Camaleón común entre vegetación palustre

Pero no era el único reptil que íbamos a ver esa tarde. Justo antes de marcharnos, un galápago leproso (especie en peligro debido a pérdida de hábitat y conflictos con el galápago de Florida), nos sorprendió en mitad del camino. Tras unas fotos, nos despedimos de esta siempre entretenida charca y nos poníamos rumbo al levante.

Galápago leproso
Galápago leproso

Llegamos a la costa levantina, allí, unas marismas repletas de vida nos esperaban. Llegamos ya casi de noche, dejamos las cosas en el hotel y salimos de inspección. Buscando un par de horas entre ramas de pinos, matorrales y dunas, al final dimos con lo que buscábamos… ¡de nuevo camaleones!

Un camaleón común en la noche
Un camaleón común en la noche

Durante la noche, estos reptiles son muy activos, pudimos disfrutar de ellos durante un par de horas hasta que decidimos dejarles tranquilos e irnos a dormir, ya que se nos habían hecho las 5 de la mañana…

Al día siguiente y con las sábanas pegadas, nos despertamos para salir de pajareo por las salinas. Desgraciadamente no nos dimos cuenta de que era sábado, con lo que eso implicaba… ¡¡gente por todos lados!!

Hicimos lo que pudimos, flamencos, tarros blancos, combatientes, y la estrella del día, un charrancito común que posó cernido para deleite del servidor; sin duda un verdadero lujo ver a esta maravilla de la naturaleza

Flamenco común
Flamenco común
Charrancito común, acróbata del aire
Charrancito común, acróbata del aire

Tras una visita fugaz, cogimos el coche a nuestro penúltimo destino, uno de los humedales mejor conservado de todo el este peninsular.

De nuevo, fuimos conscientes de que el día escogido para ir no fue el mejor… domingo, sol, vacaciones… os podéis imaginar. Pero bueno, eso no quita que no disfrutásemos de lo lindo con lo que se dejó ver.

Nada más llegar, una cerceta pardilla nos brindó el primer regalo de la tarde. La distancia no era la deseada pero estábamos frente a una verdadera joya a proteger.

Más tarde, fochas morunas y comunes danzaban alrededor de la pasarela de madera que atraviesa el humedal, un espectáculo tener a estas dos especies tan cerca y tan tranquilas.

Focha moruna
Focha moruna
Focha común
Focha común

El resto de la tarde, nos entretuvimos buscando insectos entre las flores y plantas del entorno ya que la situación no era la más ideal para ponerse a pajarear, pero eso ya es otra historia…

Por último y como broche final, a lo largo de estos casi 25 días que estuvimos recorriendo muchos rincones de España, se nos presentó la oportunidad de disfrutar de una jornada de observación de lince ibérico desde un escondite fotográfico, un lugar desde donde tú ves al lince pero el lince no te ve. Se reducen molestias y puedes disfrutar de una especie tan amenazada a escasos metros.

Así que nos líamos la manta a la cabeza y desde Valencia fuimos a Madrid para volver a bajar a Ciudad Real, donde pasaríamos la noche para despertarnos al día siguiente a las 5 de la mañana para intentar observar al felino más amenazado del planeta.

Tras 6h dentro del escondite, con calor y sueño, llegaba la hora de recoger e ir a comer. Esa mañana no habíamos tenido suerte, habría que ver si por la tarde éramos más afortunados. A pesar de no haber aparecido el gato, otras especies nos hicieron el rato más entretenido.

Conejo de monte
Conejo de monte
Pito real
Pito real
Tórtola europea
Tórtola europea, un ave perseguida y que encuentra en fincas protegidas su refugio

Comimos y, tras una pequeña siesta llegaba la hora de volver a intentarlo. Esta vez en un escondite diferente, en una localización más abierta que la de por la mañana.

Pasaban las horas, el calor dentro del hide era insufrible y veíamos como conejos y algunas aves campaban a sus anchas sin la presencia del gato. Empezábamos a desesperarnos, en absoluto silencio y tras más de 12h dentro de una caseta de 2m cuadrados, los ánimos comenzaban a flaquear.

De repente, se hizo el silencio en el campo, un sonido de alarma de un carbonero nos puso en alerta… unos segundos de tensión y ahí apareció, una hembra de lince ibérico; pero no iba sola, se había traído a una de sus crías consigo. Todo un espectáculo, pelos de punta.

El resto os lo cuento con imágenes…

Lince ibérico
Lince ibérico
Miradas que esquivan la extinción
Miradas que esquivan la extinción
Ojos color lince
Ojos color lince
Sensaciones indescriptibles cruzar miradas con ELLA
Sensaciones indescriptibles cruzar miradas con ELLA
Cría de lince ibérico
Cría de lince ibérico
Momento soñado, cara a cara con nuestro mayor felino
Momento soñado, cara a cara con nuestro mayor felino

Espero que os haya gustado la crónica de este viaje de verano… atentos a los próximos días que una borrasca NIVAL pasará por el blog.

¡Hasta entones!

Gineta sobre tronco

Cara a cara con la bella matadora

Era un templado día de julio en Asturias, en el norte de la península, la luz solar todavía se extendía hasta bien entradas las 21 horas…

Ese día tenía en mente un objetivo, la bella matadora, o así llamaba Félix Rodríguez de la Fuente a la gineta (Genetta genetta). Había cruzado miradas con ella en alguna otra ocasión, pero sin oportunidad de foto. Sólo unas rayas negras en un cuerpo gris que se perdían entre la oscuridad de la noche.

El reloj marcaba las 5 de la tarde, tenía que ir preparando todo para la gran noche. Escenario listo, iluminación lista, todo listo.

Eran las 18h cuando decidí meterme en la caseta en la que pasaría la noche esperando a este singular vivérrido.

Iban pasando las horas… se acercaba la hora de cenar. Tranquilamente me comí los sándwiches que me había preparado y continué aguardando.

Notaba como la luz iba cediendo terreno a la oscuridad, reino en el cual animales como la gineta se saben dueños.

Llegaban las 12 de la noche, hora bruja como diría mi chica, hora en la que las brujas hacen acto de presencia… ansioso, deseaba que con la llegada de estas horas la bella matadora se dignase a aparecer.

Seguía pasando el tiempo y nada… el sueño comenzaba a aparecer; de repente, un movimiento me puso en alerta, algo sale de entre la espesura del bosque directo al escenario previamente preparado. Enfundo la cámara, ojos como platos, pulso acelerado…

Detrás del tocón que había colocado, una cabeza de gato doméstico asoma. Tras esto, mis ánimos decayeron, era tarde y no había ni rastro del objetivo a fotografiar. El hecho de que apareciera el gato no era buena señal ni mucho menos…

Tras un par de horas, rozando casi las 5 de la mañana y prácticamente vencido por el sueño, vislumbro otro movimiento entre la hojarasca.

Esta vez parecía distinto, más ágil, más sigiloso… sin rastro alguno del sueño y con los nervios de nuevo por los aires, pongo todos mis esfuerzos en fijar la mirada en la zona dónde había visto algo.

Una larga cola me da pistas, franjas negras sobre gris; no es el gato pensé… inmediatamente después, de un salto, se encarama a lo alto del tocón. Cauteloso y sin mover ni un músculo, me quedo absorto ante tanta belleza.

Decido esperar para disparar… un disparo y la gineta se pierde de nuevo entre la maraña de árboles.

Chequeo la cámara deseando que haya quedado bien…

Tras ver el resultado, ya estaba más que contento, ¡objetivo cumplido!

Poco tiempo tuve para la alegría… segundos después volvió a aparecer, con más confianza, esta vez directa a su objetivo.

Ya no había ni rastro del sueño, solo existíamos la gineta, la noche y yo.

Tras varias incursiones al escenario, muchas miradas cruzadas y varias fotos, la luz comenzaba a aparecer de nuevo, anunciando la llegada de un nuevo día. Revisando el archivo obtenido no podía creer haber tenido semejante suerte, un animal tan esquivo y nocturno y tan bello.

Cuando ya daba la sesión por terminada y descansaba relajado, un bulto me sorprendió sobre unas rocas cercanas al escenario en el cual la gineta había hecho acto de presencia.

Un ratonero descansaba tranquilo, aguardando la llegada total de la luz para salir de campeo. Mientras tanto, no dudé en hacerle una foto. Mucho más asustadizo que el mamífero no aguantó mucho más, un disparo y salió volando despavorido.

Sin duda una movida noche de verano que mereció la pena sin ninguna duda. Espero volver a cruzar miradas con tan asombroso animal.

Y vosotros, ¿os habéis cruzado con la bella matadora alguna vez?

Lobo mirándome cara a cara

El día que un lobo y yo nos miramos a los ojos

Buenas a tod@s, en la entrada del día de hoy, voy a contaros como sucedió lo que, para mí es, posiblemente, el mejor avistamiento de fauna que he tenido hasta la fecha. Quería aprovechar el hecho de que el lobo, el cual será el protagonista de esta entrada, ha sido catalogado como especie protegida en España para narraros en primera persona esta maravillosa experiencia que pude vivir.

¡Espero que la disfrutéis!

Sierra de la Culebra, diciembre de 2019…

2019 llegaba a su fin, y como cada año, mi familia y yo nos disponíamos a pasar unos días en el campo. Este año habíamos decidido que serían en la Sierra de la Culebra, provincia de Zamora.

Íbamos a pasar 3 días en estas tierras buscando incesantemente al cánido más grande de la península y, posiblemente al animal más esquivo de toda la fauna ibérica.

El primer día, mi primo y yo decidimos dar un paseo por una zona por la que nos habían dicho que había movimiento… lo que no nos esperábamos al llegar era ver semejante cantidad de rastros. La cosa estaba decidida, mañana probaríamos suerte allí.

7 de la mañana del día siguiente. Tras un escaso desayuno poníamos rumbo a nuestro punto de observación. Mañanas gélidas en las que no sientes las piernas, en las que permanecíamos inmóviles tras unas escobas que difuminaban nuestra silueta.

Tras unas horas sin ningún tipo de movimiento en el cortafuegos, empezábamos a perder la esperanza. En torno a las 10 de la mañana se hizo el silencio en la zona. Instantes después, tres fantasmas aparecían en mitad del cortafuegos tras un enorme roble que nos tapaba ligeramente.

Según aparecieron, enfilaron cortafuegos arriba con su trote característico, no sin antes marcar territorio. Escasos minutos de avistamiento para tanto frío y horas de espera… pero, aún así, merece más que la pena. Son por ese tipo de momentos por los que te levantas temprano por la mañana dispuesto a pasar frío y calamidades, momentos en los que puedes compartir aunque sea brevemente, espacio con el tan esquivo lobo ibérico.

En el resto de día, a pesar de intentarlo, no tuvimos la misma suerte. Aunque he de decir que nos movimos por otras zonas ya que la luz en ese sitio por la tarde era bastante pésima.

Después del momentazo del día anterior volvimos a intentarlo por la mañana temprano, esta vez sin suerte.

Lo más asombroso ocurrió mientras íbamos en el coche camino a Portugal. Eran las 12 de la mañana, una carretera ascendía serpenteante a través de un enorme y denso bosque de pinos; cuando, de repente, un lobo aparecía en mitad de la carretera. Tras quedarse unos segundos parado, decide meterse dentro del pinar al trote ante nuestra absoluta incredulidad.

Seguíamos sin creérnoslo. Tras unos segundos paralizados, anduvimos unos pocos metros con el coche buscando el recoveco por el que el lobo nos había perdido la pista. Cuando estábamos justo en el punto, vislumbro unos ojos color miel entre las escobas a unos 30-40 metros de distancia, cojo la cámara a la velocidad de la luz y enfoco a esa cautivadora mirada… mirada que no hacía más que desprender inocencia e incertidumbre ante lo que esos dos bípedos iban a hacer.

He aquí los que mis ojos veían a través del visor de la cámara:

Con los estómagos llenos después de un estupendo bacalao a bras, proseguíamos nuestro camino de vuelta a España para intentar de avistar de nuevo a estos cánidos que tanto turismo de observación atraen, porque el lobo vale más vivo que muerto.

Encarábamos nuestro último día en la sierra de manera optimista, habíamos visto hasta entonces 6 lobos, algo bastante admirable al ser conscientes de la dificultad que eso conlleva. Era 30 de diciembre, el día amanecía frío, siete grados bajo cero marcaban los termómetros… sólo el hecho de pensar el frío que nos esperaba, me hacía temblar.

Nos tocaba una espera de 3-4 horas, a bajo cero, escondidos entre las escobas vestidos de camuflaje, con las botas tocando el gélido suelo. Pasaban las horas y sólo el frío hacía acto de presencia, un frío que se te metía por los huesos y no quería irse.

No había manera de entrar en calor, necesitábamos algo con lo que distraernos. Fue pensar eso y, por arte de magia, un bando de unas 6 perdices rojas apareció en mitad del cortafuegos. Hacía tanto frío que incluso las perdices desprendían vaho.

Tras una pequeña filmación a estas preciosas aves, volvimos a la espera.

Se acercaban las 10:30 de la mañana y según iba llegando el sol nuestra esperanza iba desapareciendo. Hasta que… de nuevo, ese silencio sepulcral.

Tras unos minutos en vilo, mi primo susurró algo: ¡está ahí, está ahí!

No conseguía verlo, estaba tras el espeso matorral que acotaba la pista. Acto seguido, un lobo ibérico solitario se plantó ante nosotros. Unos 300 metros nos separaban. Las perdices seguían a lo suyo, intentando arrancar pequeños brotes verdes entre los terruños helados.

Poco a poco, el lobo se fue acercando tímidamente. Cuando se encontraba a 200 metros, sin previo aviso pegó una carrera en un fallido intento de capturar a las perdices… lo teníamos a escasos 100 metros…

En pocos segundos, teníamos frente a frente a un lobo ibérico (Canis lupus signatus) . Al tan temido animal. Animal perseguido injustamente, mal-afamado y tan castigado por la gente con rifles.

Se encontraba a 30 metros, sin percatarse de nuestra presencia. El visor de la cámara se empañaba por mi respiración agitada. No me podía creer tener a este majestuoso animal tan de cerca, poder escucharle, poder estudiar con detalle sus movimientos y, encima, saberme invisible ante él.

Nos regaló unos minutos únicos, momentos con los que siempre había soñado y que dudaba vivir. Después de posar para nosotros, eso sí, desconfiando de esos dos extraños bultos empotrados en las escobas, desapareció entre la maleza igual que había aparecido, como un fantasma.

Esta noticia que últimamente está copando diversos informativos, artículos y noticias, no es más que la primera piedra que debemos poner para conseguir la total protección del lobo así como de todos los ecosistemas y animales de España. Tenemos una naturaleza envidiable que debemos preservar.

Hagamos algo por ella al igual que ella no deja de hacer cosas por nosotros. ¡Lobo vivo!

Elefante africano macho

Explorando los áridos parajes de Samburu

Era julio de 2018, mi familia y yo habíamos planeado por fin; y digo por fin porque llevaba soñando con ello desde que tenía consciencia, un safari por África.

Todo comenzaba en la Reserva Nacional de Samburu, uno de los lugares más áridos del país. Llegábamos allí tras varias horas de conducción por pistas llenas de tierra atravesando poblados donde los niños y niñas meru (tribu que se asienta en la zona central de Kenia) nos saludaban con gran ímpetu.

No me podía creer estar ya en tierras africanas, las sensaciones más salvajes recorrían mi cuerpo mientras me quedaba absorto mirando por la ventanilla del jeep.

Finalmente, cruzamos la puerta de entrada al parque y nos dispusimos a comenzar nuestro primer safari de camino al lodge dónde nos alojaríamos.

Viéndolo ahora desde otra perspectiva, la verdad que ese primer safari no fue gran cosa… pero, en el momento, me parecía que estaba en el mismísimo cielo.

Tras un par de kilómetros, una cebra nos detuvo… era nuestro primer animal en África. Después de unos segundos pude ver que no era una cebra como las de los documentales que solía ver, acto seguido nuestro guía nos explicó que se trataba de una cebra de Grévy (Equus grevyi), la más grande del mundo y endémica del parque.

Os podéis imaginar lo asombrado que me quede… desgraciadamente, la luz era muy dura y las fotos no quedaron como a mí me hubiera gustado.

Después de esta sorpresa, de camino al lodge, un enorme macho de elefante (Loxodonta africana) africano nos sorprendió en la lejanía con su paso tranquilo, pero firme. ¡Era enorme! Íbamos con la idea de que los elefantes eran unos seres titánicos, pero la realidad superó a la expectativa con creces.

Acabábamos de llegar y ya habíamos avistado a nuestro primer integrante de los famosos ‘big five‘ africanos.

Al fin, conseguimos llegar al alojamiento. A diferencia de lo que se puede pensar, estas zonas de África están muy preparadas para el turismo y es por ello que gozan de lujosos lodges donde relajarse después de un largo día de viaje.

Como no, yo, ‘culo inquieto’ a más no poder, nada más dejar las maletas en mi habitación decidí ir a investigar qué se cocía por los alrededores de las instalaciones.

Siendo Kenia, tiene que haber miles de cosas interesantes (me decía)… nada más terminar de pronunciar esa frase, un precioso calao piquirrojo (Tockus erythrorhynchus) me deleitaba con una sesión de caza a escasos metros. Todo un auténtico lujo.

Según terminamos de comer y tras media hora de descanso, procedíamos a realizar nuestro segundo safari del día, esta vez vespertino; y es que, en estas latitudes la luz comienza a escasear en torno a las 18h.

Comenzaba entonces, nuestra segunda aventura de la jornada.

Este safari resultó ser mucho más impresionante que el de por la mañana. Tuvimos la oportunidad de ver gacela de Grant (Nanger granti), un antílope de mediano tamaño, presa habitual de guepardos y leopardos; también vimos una inmensa cantidad de especies de aves, algo que me llamó bastante la atención del parque, ya que al ser un ecosistema más árido, pensaba que el número de especies no iba a ser tan elevado.

He aquí algunas:

Después de disfrutar de una buena sesión de birdwatching, de nuevo un grupo de elefantes se cruzaba en nuestro camino. Esta vez no había ningún gran macho, sino hembras e individuos juveniles.

Todo un espectáculo poder disfrutar de estos paquidermos a placer y ser capaces de ver las interacciones entre ellos… ¿sabíais que las manadas de elefantes son complejísimos sistemas matriarcales?

Nada más irse los proboscídeos, un pequeño mamífero nos sorprendió entre los matorrales sacudiéndolos bruscamente. Se trataba de un dik-dik (Madoqua kirkii), el antílope más pequeño del mundo, (unos 35 centímetros hasta el hombro).

Estos curiosos animales nos permitieron quedarnos unos cuantos minutos haciéndoles fotos antes de que se perdieran entre los espinosos matorrales que abundan en Samburu.

Aquí vienen las fotos del famoso dik-dik, a mí me parece un ‘bicho’ bonito y, sobre todo curioso… ¿ Y a vosotros ? ¡Dejadme vuestra opinión en comentarios!

Mientras disfrutábamos de estos pequeños, el guía divisó en la lejanía un par de monos vervet (Chlorocebus pygerythrus) que, cuando los dik-dik desaparecieron, aún seguían por ahí.

Proseguíamos con nuestro safari cuando, de repente, suena la radio del coche: ¡¡¡¡*inserte mensaje en swahili aquí*!!!! Tras una pausa y con los músculos más tensos que las cuerdas de una raqueta de tenis, nuestro guía nos comentó que un guepardo se estaba dejando ver no muy lejos de donde nos encontrábamos… así que, ¡Allá íbamos!

Antes de llegar a la zona, un ave parecida a una codorniz nos detuvo en seco en mitad de la pista. Era un francolín crestado (Peliperdix sephaena), un precioso pájaro perteneciente a la familia de los faisanes que parecía saberse intocable frente a la mole de engranajes y piezas eléctricas que se erigía ante él. Obviamente no desaproveche la oportunidad de sacarle alguna foto. Aquí tenéis al ave que osó retar a un jeep:

Al fin el francolín decidió apartarse del camino y pudimos proseguir con nuestra ruta en busca del guepardo.

Según íbamos llegando a la zona, podíamos ver a lo lejos unos cuántos coches amontonados en torno a unos arbustos. ¡Ahí está! ¡Ahí está! dijo mi hermano, acto seguido vimos salir al guepardo (Acinonyx jubatus) de entre la maraña arbustiva y se detuvo en un pequeño claro en mitad de la sabana.

No me podía creer estar en mitad de la sabana africana, a miles de kilómetros de mi casa viendo un guepardo en estado salvaje. Y yo que pensaba que esas cosas solamente sucedían en los documentales… 😍

Poco a poco se fue haciendo de noche y el guepardo seguía ahí, impasible ante la presencia de una quincena de todoterrenos. La luz se iba tornando rojiza y se preparaba un escenario perfecto para la foto. El guepardo como si conocedor de eso fuese, inició su camino rumbo a una zona donde finalmente lo perderíamos entre la maraña…

Afortunadamente, pude realizar alguna que otra fotografía con la que quedé más que satisfecho.

Y así, finalizaba nuestro primer día en estas mágicas tierras donde los grandes felinos dominan la noche y los seres humanos son meros espectadores.

Espero que os haya gustado. Permaneced atentos al blog porque iré publicando periódicamente entradas de este estilo.

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